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"Concepción" de la APEP
Hace 25 años el Pasaje Olaya que desemboca sobre la Plaza de Armas era el refinado
apéndice del Jirón de la Unión donde se concentraban las casas comerciales elegantes
de la capital peruana y "jironeaban" las más bellas y elegantes limeñas.
Al lado del todavía sobreviviente Salón de Té D'Onofrio de entonces, ahora simplemen
te "El D'Onofrio del Pasaje Olaya", en un gran edificio de cinco pisos cuya puerta núme
ro 139 ha sido tapiada, don Alejandro Loayza, corresponsal de Time y Life, había insta
lado una cómoda oficina con estanterías en las cuales se acumulaban paquetes de li-
bros, revistas y documentación, envueltos en papel manila y atados con pabilo.
Crípticas inscripciones los identificaban solamente para él. Forma original de archivo.
Porque don Alejandro con su pequeña estatura, modales japoneses pues allí vivió
muchos años de su juventud, apariencia física frágil, era un original. No resultaba raro
que en medio de una conversación nos interrumpiera la presencia de algún minero inte
resado en los yacimientos de carbón que el periodista había descubierto en las zonas
más altas de Sayán. Con él, con Alberto Schazin (UPI) y Diego E. Gonzáles (AP), inter-
cambiábamos información y hacíamos reflexiones sobre la polìtica peruana agitada con
la existencia de la Junta Militar de R. Pèrez Godoy y Nicolás Lindley.
Nos trasladábamos de la oficina de don Alejandro al D'Onofrio para llegar a la conclu-
sión de siempre: los corresponsales de prensa extranjera necesitamos asociarnos para
defender nuestra libertad de expresión.
Afirmábamos nuestros buenos propósitos sentados alrededor de una mesa que don
Alejandro mantenía reservada al fondo del salón D'Onofrio con su botelle personal de
Old Parr, cuidadosamente seleccionada, marcando el nivel en que se dejaba después de
cada consumo.
La conversación se mezclaba con humor caústico del anfitrión o con las sonrisas que
provocaba la frecuente presencia de la alegórica fantasía de los sombreros de doña Anita
Fernandini de Naranjo y sus barrocas y centellantes joyas. La saludábamos, nosotros
con cortesía limeña, don Alejandro con ceremonioso pero también pícaro ademán orien-
tal, de esos que había cultivado en Extremo Oriente.
Nos separábamos con la promesa de fundar la asociación "la semana entrante". Y al
fin el Old Parr subió a la oficina de Time y Life. Nos reunimos presididos por el invitan-
te; Alberto Schazin, de United Press International; Diego E. Gonzáles, de Associated
Press; Marcelo Onganía, de ANSA; Pedro Araneda, de Novedades y Revista de América
de México; Manuel Olivari, de Cruzeiro de Brasil y Epoque Ltd. de Londres; y yo, de la
Agence France Presse.
Alberto Schazin presentó el proyecto de estatutos con un primer problema: había más
cargos directivos que socios... Hubo que decidir si éramos una asociación de correspon
sales. Fue el modesto pero ambisioso despeque que ha alcanzado la importante altu-
ra de la APEP que celebra ahora su 25 aniversario.
Tenemos como fecha real de nacimiento el registro notarial del 7 de setiembre de
1964. Pero fue concebida el 1º de octubre de 1963 a las 11:30 a.m., once meses de
espera.
Hoy la Asociaciòn de Prensa Extranjera en el Perú constituye una de las entidades pro-
fesionales más respetables y de más sólido prestigio del periodismo, tanto nacional
como internacional.
Y al igual que desde su nacimiento cumple firmemente con su "finalidad de prestar
servicios a sus miembros, defender sus derechos de irrestricta libertad de acción pro-
fecional y de acceso a las fuentes de información".
Albert Brun
Nota del Editor:
Este texto fue publicado en el Directorio de 1989, cuando la APEP cumplió 25 años
de actividades. El autor fue Albert Brun, socio fundador y presidente APEP, Director
de Agence France Presse (Francia) y periodista muy reconocido en el medio. Consi-
deramos que los datos que brindan estas líneas son importantes para conocer los
inicios de la asociación.
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